Recomanacions per "tapear" per Madrid i "no desentonar...

 Consejos para ir de tapas y no desentonar

El número ideal de personas para salir a tapear es, en mi opinión, de cuatro. Pero es razonable un mínimo de tres y un máximo de seis. Más ya sería multitud.

El tapeo propiamente dicho se hace de pié, en la barra del establecimiento, salvo, en casos de fuerza mayor.

No se debe consumir más de dos tapas en el mismo establecimiento; hay que cambiar, pasear, conocer otros locales.

Hay que hacer lo que los sevillanos llaman "convidá", es decir, pagar una ronda cada uno, no ser caradura y a la hora de pagar sentir unas ganes horribles de visitar al Sr. Roca.

Hay que saber combinar unas tapas con otras. Por ejemplo, de un lado gambitas y sepia y en otro lado caracoles,... No mezclar demasiado. Esto también va con la bebida: en un local no se debe pedir cerveza y vino en una misma ronda. Mejor pedir ronda de cerveza o ronda de vino,...

Por favor, no tengamos una conversación desagradable que nos ponga nerviosos!. Ir de tapas es una de las mejores cosas que tenemos los españoles... Hay que salir a divertirse, no a discutir o cosas por el estilo.¿Sabe alguien algún chistecito?...

Por último, la hora: desde la del aperitivo hasta la de la comida, o desde las ocho de la tarde hasta la cena. Ahora bien, como uno suele "ponerse las botas", no es de extrañar que se nos quite las ganas de comer o cenar...

Para terminar, creo que el siguiente texto leído de una taberna puede resumir muy bien el espíritu del tapeo:

" No traigas a este lugar aflicciones o problemas, ¡Déjalos en casa estar!. Y, si olvidado los traes, sal, mira al cielo y vuelve a entrar, dejando en la Puerta estos. Este lugar es sólo de alegría y amigos, se prohíbe la estancia en él a los que no respeten esta norma”
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Las tapas españolas son famosas en todo el mundo pero, ¿se sabe cuál es su origen? La leyenda cuenta que el inventor del concepto fue el rey Alfonso X el Sabio. El monarca ordenó que siempre se sirviera algo de comida con el vino para evitar que el alcohol se subiera rápidamente a la cabeza. El aperitivo se servía tapando la copa para evitar que cayeran moscas en el vino. Hoy es uno de los grandes atractivos turísticos de España. En Madrid se toman con una caña fría y bien tirada. EL PAÍS se adentra en las calles de la ciudad para descubrir los mejores lugares para tapear gratis. La única condición es consumir una cerveza.

 » Malaspina (Cádiz, 9). Tomarse una caña acompañada de unas croquetas o un poquito de jamón en una taberna de puerto es posible en Madrid, a pesar de que no hay mar. Las mesas de madera llenan un espacio decorado con vigas descubiertas y paredes de un amarillo envejecido que transportan a la época de Alejandro Malaspina, navegante italiano que da nombre al local. El alicatado de la entrada, obra del ceramista Adolfo Montes, informa de la aventura que vivió el marino, y su terraza invita a sentarse a por caña y tapa por 1,30. La cocina está abierta todo el día.
» Dvinos (Pérez Galdós, 8). Abierto hace un par de meses en el barrio de Chueca, este bar desafía los tópicos. No tiene azulejos, ni una barra interminable. En cambio, tapas no le faltan. Por 2,60 euros sirven dobles con un aperitivo a elegir. Sus dueños, los hermanos Jorge y Jesús Martín, siguen la filosofía de bar de toda la vida con toques modernos y frescos. Un callejero decora una de las paredes y una pizarra cubre otro de los muros del local, donde está escrita su oferta gastronómica: salmorejo, solomillo con cebolla confitada o su tortilla con salsa de whisky. En definitiva, tapas gourmet.
» Restaurante Petisqueira (Churruca, 6). Es famoso por sus abundantes tapas que siempre acompañan a la caña y que van, desde un revuelto de patatas a lo pobre, hasta minihamburguesas o ensaladas frías. Por 1,75 se come y se bebe en el centro de la ciudad, a unos pasos del metro de Tribunal. Es clásica, sin música y con unos camareros vestidos de blanco y negro. Como los de antes. Daniel Fernandes lo abrió en 2001 sabiendo que lo que quería era servir buenos aperitivos a buen precio. El nombre no pudo ser otro que el de su pueblo, una pequeña aldea que se alza en la frontera hispanoportuguesa a la altura de Zamora.
» La pequeña Granada (Embajadores, 124). Una gran instantánea de la Alhambra da la bienvenida al cliente que entra a este bar ubicado en el distrito de Arganzuela. La caña, a 1,50 euros, viene acompañada de una tapa a elegir entre las 22 de la carta. El bienmesabe —o cazón en adobo— es uno de los platos de más éxito. “Cambiamos las tapas cada cuatro meses. Los clientes nos ayudan a decidir, y el cazón siempre se queda”, explican Eduardo y Simón, dos de los dueños del bar. La próxima llegará el 1 de septiembre. No quieren revelar nada, pero adelantan que, por primera vez, incluirán un postre. Este es un lugar acogedor donde beber una cerveza con la tapa recién hecha.
» La soberbia (Espoz y Mina, 1). Un efusivo “¡Hola!” da la bienvenida a quien entra a este local presidido por varios camareros, todos hombres. Entre sus paredes verdes y un piano cerrado que le da un toque bohemio, se puede tapear con una caña por 1,30 euros. Siempre empiezan con paella para seguir con la chistorra al vino tinto. Luego pasan a los ibéricos, su especialidad, según dicen los camareros. Al estar situado a dos pasos de la Puerta del Sol, es un lugar frecuentado por turistas, aunque los camareros insisten en que tienen clientes fijos. El flamenco invade la sala y los vinos ocupan toda la parte trasera de la barra, dándole al conjunto un aspecto tradicional y agradable. Estará cerrado por vacaciones hasta el 15 de agosto.
» La Tía Cebolla (Calle de la Cruz, 27). Quien elija este bar cercano a la plaza del Ángel y se siente en la barra, podrá pasarse horas observando los billetes que cuelgan en la pared e intentando adivinar de qué país es cada uno. Las tapas que acompañan a la caña, a 1,50 euros, son sencillas y siempre frías. Eso sí, el jamón lo cortan al instante y lo sirven con picos. Se enorgullecen de sus embutidos ibéricos y aseguran que el chorizo es lo más solicitado.
» Mareas Vivas (Veneras, 3). Carmen cocina con mimo para los clientes de su bar, una parada clásica en la ruta de tapeo madrileño. El alicatado azul y blanco que cubre el local le da esa condición de bar de toda la vida. Es famoso por sus tapas abundantes que ponen con cada caña por 1,30 euros. “Los garbanzos con langostinos son nuestra tapa estrella”, asegura la dueña. Cerrado hasta el día 26.
» El Tigre (Infantas, 30). “Perdonad, ¿conocéis El Tigre?”. Un grupo de turistas italianos preguntan en la plaza de Chueca por esta sidrería y bar de tapas que ha traspasado fronteras y que ya viene hasta en las guías. Las abundantes tapas que ponen con el doble de cerveza a 2,50 presumen de ser las más grandes de Madrid. Tortilla, albóndigas y montados con todo lo imaginable, abarrotan el plato que acompaña a la bebida. Lo malo es que a veces no se puede entrar de lo lleno que está.